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domingo, 29 de enero de 2017

Reto de Lectura: Enero


Hace unas semanas comencé un reto de lectura, un tanto personalizado, en el que escogería libros de diversos géneros a lo largo del año. Lo cierto es que comencé con la idea de leer un poco más, confieso que no leo lo suficiente, para alguien que estudia lo que estudio, y que se me dificulta el arte de la lectura cuando un libro no logra capturar mi atención.

También es cierto que mi género favorito para leer es la poesía, usualmente los libros de poesía no son muy extensos y por tanto termino la lectura en unas cuantas horas. Por esto decidí complicar mi experiencia en este reto y leer más narrativa o escritos en prosa.

Comenté en la primera entrada en este año que el primer libro que leería sería “Brew better beer” de Emma Christensen. El libro es uno instruccional y decidí leerlo porque era de un género que no suelo leer, por lo que cuadraba perfectamente con el reto. Así también cuadraba con una nueva afición que me ha surgido, preparar cerveza en casa.

Portada del libro de Christensen


El libro, es perfecto para quienes quieren comenzar en este pasatiempo. Con un lenguaje simple, para quienes al menos leen en inglés, logra explicar minucias y aclarar dudas de lo que consiste el proceso de crear cerveza en casa. Explica muy bien la utilidad de cada utensilio y los diferentes ingredientes que se necesitan Por lo que lo recomiendo si eres alguien a quién este tipo de inventos le resultan interesantes.

Así las cosas, el libro no ofrece mucho más allá de su premisa. Es por eso que decidí añadirle algo al reto y releí un libro que había leído para un curso. El libro que elegí fue uno que logró marcarme y que me llamó mucho la atención en el momento y al darle una nueva lectura, logré ver el por qué. Del chileno Roberto Bolaño, “Estrella Distante”.

Portada del libro de Bolaño


Esta novela corta, narra parte de la vida de un capitán de la fuerza aérea chilena/poeta, Carlos Wider, a través del lente de un alter-ego del autor mismo. Wider es un personaje ficticio, pero la forma detallada en la que Bolaño hace referencia a este personaje, nos haría creer que pudo muy bien ser real, o al menos, ser el punto convergente de muchos personajes de la historia chilena.

En “Estrella Distante”, Bolaño expone, de manera sutil, diferentes experiencias dentro de la dictadura de Pinochet en su país. Desde las muertes y los desaparecidos, al miedo que sentían todos los que no eran partidarios del régimen, hasta el exilio. Todo mientras ata las experiencias a la vida y búsqueda de este personaje enigmático llamado Carlos Wider.

Recomiendo este libro, que no es extenso para nada, para todos aquellos que quieran leer algo que puedan leer en un viaje o en momentos de ocio; pero que a la vez busquen algo que alimente su curiosidad.

Ya viene febrero y con el nuevo mes, un nuevo capítulo en el reto, la lectura de un libro de algún autor de mi zona. Dado a que soy de Puerto Rico, decidí irme con la autora de Dominica, Phyllis Shand Allfrey y su libro “It falls into place”. Ya les contaré.


Portada del libro de Phyllis Shand Allfrey

miércoles, 26 de junio de 2013

Experimento literario

   
Por cada taza hay mil historias

     La música estaba en todo su apogeo, un sonido suave que te lleva a un trance, las cuerdas de una guitarra resonando en todo el establecimiento y la voz de un cantante diciendo “Quieren que hable… quieren que escupa…”. La suave brisa del campo entrando por la ventana, las risotadas de varios jóvenes que tanto suben como bajan en este lugar y las palabras alejadas de aquellos que entran y salen de la catedral del conocimiento que queda justo en frente de donde suelo pasar mis tardes. El olor del alcohol se mezcla con el olor de los libros y el olor de un café recién hecho. Chicos y chicas suben en trance camino a la barra para pedir aquello a lo que llamen “néctar de los dioses”, sea café o sea una buena cerveza. Todos se miran, todos me miran, ninguno hace ningún gesto pero sé que todos esperan que me mueva para atacar la mesa en la que estoy como pirañas hambrientas devorando su presa.

       Mientras todo ocurre yo sigo absorto en mi libreta, escribiendo, haciendo eso que me da el escape diario que tanto anhelo. Hoy, contrario a otros días, mis palabras no se transportan a la poesía, aunque muy bien podrían debido a la música. Hoy tengo otras cosas en la mente y por eso escribo, escribo para describir, para darle vida a una nueva persona, una que lleva días rondando mi mente. Su pelo castaño y su mechón rosa, su lunar en el centro del mentón, su tatuaje de coquí taíno justo detrás de la oreja izquierda, sus ojos color miel que son tan penetrantes como una espada medieval. Poco a poco toma vida esa persona que me ha tocado a la puerta. Sus gustos musicales ahora correspondidos por la música que me rodea “Todo pasa y todo queda… pero lo nuestro es pasar…”. Ella se quedó con mi mente y no he logrado darle vida, pero al menos sé cómo describirla.

       Me levanto dejando la libreta cerrada con el lápiz dentro, me dirijo a la barra a pedir otra cerveza de esas de Chicago llamadas “312” y regreso a mi puesto. Las miradas de pirañas cesaron y ya puedo estar tranquilo, sabiendo que mi puesto está seguro. Fue en ese momento que subió ella, una chica casi idéntica a Camila, acompañada de una chica color canela. El color sepia de la piel de esta chica me dio el tono de piel de mi Camila y así lo escribí. Fueron directo a la barra y contrario a mí, pidieron un café. Se sentaron en una esquina a esperar y pude seguir observando detalles de esta mujer. Como si el destino supiera mi pensar el sonido distintivo de la guitarra de Carlos Santana se quedó con el lugar y “Smooth” se apoderó de mi pensamiento. El movimiento ondulante del cuerpo de esta mujer me hipnotizó.

       Con cada movimiento de izquierda a derecha y de derecha a izquierda me transportaba a un sueño, como aquel de Evaki. Tan absorto de la realidad quedé, que no me percaté que había terminado la botella de cerveza y la llevé vacía a mi boca. La coloqué en un lado y me levanté nuevamente, caminando hacia la barra, cuidadosamente observando cada detalle de esta visión alcoholizada que creaba mi mente. Tan convencido estaba de que esta chica no podía existir que comencé a explorar detalles inexplorados de ella antes de que desapareciera. Su cabello corto y castaño, su cuello medianamente largo, su espalda bien puesta y sus brazos, sus piernas de atleta, todo eso fue tomando forma en mi mente a medida que me acercaba y pasaba por su lado. Su perfil me resultó más hermoso aún, su nariz resaltaba por encima de sus labios, su sonrisa se hacía visible y su mentón era como lo esperaba. Me detuve en la barra a pedir lo habitual y en ese tiempo pude, de reojo, tomar más detalles de esta chica. Sus ojos grandes y casi saltones se quedaron plasmados en mi mente, ese color marrón que observaba sin detenerme, sus labios pequeños pero sutilmente hermosos, con un color rosado suave, su nariz redondeada que reflejaba un tanto las raíces africanas con las que todo puertorriqueño cuenta, sus pómulos, en fin su rostro completo y su forma de mirar fueron lo necesario para apoderarse de mi persona. Me volteé para regresar y me percaté de algo que no me había fijado aún, su amiga ya no estaba.

       Ella estaba sola almorzando un plato de pasta hecha en casa y una botella de agua. “Por una de tus caricias yo soy capaz de dejarlo todo mi amor”, si Tommy Torres supiera que su canción sonó en un momento tan característico hubiese sonreído. Tomé aire y me acerqué a la chica, “Buen provecho”. Se volteó me plasmó una mirada fija en mis ojos y una sonrisa amplia. Sin duda alguna era Camila, Camila la de mi mente, Camila mi personaje, Camila a quien le había dado vida a penas unos minutos antes, Camila la que ahora me enamoraba la vida. El único problema era, que no era Camila y que estaba frente a mí y yo perdido en su mirada. Sonreí pues no supe gesticular más palabras que las que ya habían salido de mis cuerdas vocales.

       Siempre he dicho que las casualidades no existen y este era un caso en el que lo supe con certeza, no existen las casualidades. Tan así que Jarabe de Palo se apoderó del lugar en ese preciso momento “Te digo que Romeo y Julieta no eran de este planeta…”. Y lo que comenzó en escritura, se volvió palabra, de palabra se volvió imagen y de imagen pasó a ser tocado. Su presencia se quedó plasmada en mi mente y solo lamenté que al despedirnos sabía que a esta chica no la vería con facilidad en mucho tiempo. Cronos había hecho de las suyas nuevamente, al menos en esta ocasión me permitió completar a mi Camila y ver si puedo darle vida.

sábado, 27 de abril de 2013

Me visitó

Y todavía la espero

Era una tarde de esas de las que pretendo no acordarme, con una cerveza en la mano para no perder la mala costumbre, estaba sentado en mi lugar predilecto. Si, en ese lugar que ha venido a ser mi “locus amoenus” y en el que grandes ideas surgen pero se ahogan entre alcohol, lágrimas y sueños truncos. Pero entonces la vi, llegó de sabe un buen dios donde porque no la había visto llegar por ninguno de los flancos. Se acercó a la barra sola, pidió precisamente la misma cerveza que yo estaba tomando y se sentó cerca de donde yo estaba. Nuestras miradas se cruzaron y de manera intuitiva nos miramos de arriba abajo. Era hermosa, tan hermosa que me recriminaba no haberla notado nunca antes. Me preguntaba de donde habría salido tal belleza, que no había visto hasta ese momento.

Traía puestos unos pantalones azules de infarto y una camisa blanca con diseños estridentes. Estaba completamente sola y pensé que esperaba a alguien. Una belleza como ella no podía andar sola en un lugar como ese por mucho tiempo, por tanto decidí esperar. Terminé mi cerveza y continué observando, paso a paso cada movimiento metódico que ella hacía. Sus dedos subiendo y bajando por el cuerpo de la cerveza como si ella intentara tentar mi cordura. Esos dedos suaves y delicados que lucía sin hacer mayores ademanes. Observaba sus ojos, esos ojos acaramelados que buscaban los míos cada cierto tiempo, en una mirada furtiva de cazadora habilidosa midiendo su presa para luego de un solo disparo atinarle al corazón. Sus labios, ese rosal prohibido en la distancia que solo el más hábil de los jardineros puede cuidar, por momentos flanqueados de sus blancos dientes que mordían su labio inferior. Y me convencía a cada rato que ella no podía andar mucho tiempo sola.

            Observé que terminó su cerveza y nadie había llegado, ella no observaba la hora y se me hacía extraño. Me levanté, fui a la barra y pagué una ronda para ambos. Le di su botella y me senté a su lado. Una sonrisa se dibujó en su pálido rostro y en el mío salpicaba la picardía. Tocó su pelo con la mano izquierda, solo eso pues no tenía mucho. El teñido de sol me llamó la atención y solo comenté la frase más estúpida que podía esbozar en ese momento: “Quien fuera jardinero para cuidar de esa rosa”. Sentí arder por dentro, metí la pata me repetía. Pero su sonrisa detuvo el pensamiento, supe que al menos le había robado una pequeña carcajada y eso era bueno. La conversación se extendió hasta que me dio su número y al oído me dijo su nombre… Evaki.

Cerré los ojos para fundirnos en uno de esos besos furtivos entre extraños y al abrirlos ya no estaba. Para mi sorpresa tenía una botella de cerveza derramada sobre la mesa y varias personas a mi alrededor abanicándome y poniendo gazas con alcohol frente a mi nariz. Pregunto dónde está ella y la describo pero nadie me supo decir. Desde entonces paso cada rato libre en el mismo lugar, esperando que un día de la nada, regrese y se siente a mi lado nuevamente. Pero eso, no creo que suceda, al menos no por ahora.