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domingo, 7 de julio de 2013

Tengo un "coco"

Muy bien, esto es solo para aclararle dudas a quien las pueda tener luego de haber leído mi entrada anterior. Como se habrán percatado, lectores aguzados, tengo un “coco”, o como dicen en Castilla la vieja un “crush” con una actriz de Hollywood. Cuando todos andan pensando en Megan Fox, Angelina Jolie, Drew Barrymore, Lucy Liu, Cameron Díaz, Olivia Wilde… yo ando pensando en Emma Watson. Es que esa chica desde siempre me ha parecido diferente, no sé, quizás sea algo de esas vainas de esoterismo de vidas pasadas y eso. La cosa es que me sentí flechado por esta chica desde que salió en “Harry Potter and the Sorcerer’s Stone” la primera película de la saga.

Bien, como todo “coco”, esto es algo casi irracional. No tengo forma de ver algún defecto que no me agrade en esta chica. Muchos piensan que estoy loco, que sueño demasiado, pero, desde el momento en que la vi por primera vez en pantalla, creo firmemente que algún día conoceré a esta chica.

Podrán preguntarse qué veo en ella, bueno pues diré que quizás su físico no rivaliza con aquel de sus más cercanas competidoras, Natalie Portman u Olivia Wilde (si, esto de las bellezas raras para el mundo me persigue), pero tiene algo que me llama la atención y aún no lo descifro (¿será cómo se arregla?). Pero si puedo decir que siempre me ha parecido la clásica chica que le gusta leer, que pretende saber más cosas con cada día y que sería divertido tener una conversación con ella. El que aún con una carrera exitosa como actriz y modelo haya decidido terminar sus estudios universitarios ayuda a que mi idealización de ella se eleve.

Claro, aquí viene el argumento de quienes dicen que estoy loco, sé que solo la conozco por medio de sus personajes y que eso no significa que ella sea como sus personajes, que es quizás la razón por la cual me atrae. Pero soy alguien que siempre he creído que un actor o actriz que escoge bien sus personajes, los escoge porque algo tienen que se asemeja a su forma de ser fuera de pantalla y que pueden explotar para sacarle el mejor provecho. En ese sentido Emma casi siempre ha buscado personajes marginales, la chica nerd, la chica que es el cero a la izquierda, aquella chica que está enamorada de un muchacho que a su vez está pendiente a otra mucho más hermosa. Todavía no he visto un personaje que no tenga algo de marginal dentro de su listado de representaciones.

Si alguien cree en vidas pasadas, podría jurar que mi atracción hacia esta inglesa, nacida en nada menos que la “ciudad del amor”, París, Francia, es producto de alguna situación dentro de ese marco. Yo, no sé ni en qué creer. Después de verla con sus greñas en esa primera entrega de la saga del mago, Harry Potter, realmente ninguna otra actriz ha causado el impacto que esta chica ha causado. Para ser franco ninguna otra actriz me interesa como ella.

Para terminar esta breve aclaración, aún guardo esa esperanza de niño de un día conocerla. Quienes me conocen saben que siempre he dicho que ella se va a enamorar de mí, claro, esto es un pensamiento totalmente de joven tonto o niño con una imaginación exacerbada. Pero realmente guardo esa esperanza y con cada día que pasa en el que no conozco a “la indicada”, lo creo con mayor fuerza. Quizás no en esta vida… pero cuando reencarne como panda quizás ella sea la panda con la que pase mi tiempo.


P.S I Love You...

miércoles, 3 de julio de 2013

"Amor a una estrella"

Me miraba, lo sabía, sus grandes ojos marrones fijos en mí. Sonreía, con su hermosa sonrisa de niña y me hacía sonreír por instinto. Su pelo castaño revoloteaba con el viento, ondeaba como olas en el gran océano que detrás de ella se encontraba. El sol radiante lograba sacarle brillo a cada uno de sus cabellos, tonos de rubio y marrón se entrelazan en un solo cuerpo. Su tono de piel absorbe el calor del sol, el brillo de la arena, la sal del océano. Su traje de pequeñas florecillas rosas, amarillas y violetas vuela con el viento. Y me mira, me mira como nadie me ha mirado nunca, fijamente y sin detenerse por un segundo. Sonríe, sonríe como nadie ha sonreído antes frente a mí.

Sus labios rosados enmarcando sus dientes y su sonrisa de niña. Las carcajadas saltan al viento y se mezclan con el sonido del mar, y me grita, me grita para que me acerque y pase tiempo con ella. Junto a la fogata que encendió, fogata en la que el fuego danza, danza al ritmo que ella propone. Su jugueteo de niña, su movimiento de danza inmadura que me roba carcajadas. Y ella, ella se moría de la risa, me daba carcajadas que me robaban el aliento y la vida entera. Me miraba, me miraba y yo sonreía, me daba su sonrisa y yo me reclinaba. Me reclinaba para verla mejor, para esperar que cayera a mi lado. Pero bailaba, bailaba con tal gracia que parecía que el fuego danzaba junto a ella, que el fuego le acompañaba y le hacía coro en el baile.

Su aroma volaba con el viento como volaban sus carcajadas a mis oídos. Sus ojos marrones, sus mejillas rojas, sus labios rosas, su rostro de niña que se niega a crecer. Todo se mezclaba en un atardecer de ensueño, un atardecer de esos que transportan a quien le observe. El paraíso junto a ella, qué más hubiese deseado un joven torpe como yo. Cerraba los ojos para mirarla, para sentir su risa justo a mi lado. Pero ella bailaba, bailaba y bailaba, junto al fuego.

La luna salía del horizonte y las estrellas vestían su cuerpo. Se acercó a mí, cada paso de un brinco, cada brinco de un salto y cada salto la acercaba a mí. Me reclinaba, me reclinaba por verla ahí, desde abajo, esperando que se derrumbara sobre mi cuerpo, y me diera un beso de esos por los que entregaría todo lo que pudiera alcanzar. Se movía con la gracia de una ninfa, a carcajadas me llevaba donde ella. Era la visión más hermosa, las pléyades lloviendo sobre ella y todo el tiempo caminando hacia mí.

El brillo en sus ojos mirándome fijamente, fijamente como se miran los amantes al final del mundo. Y acercándose me hizo cerrar los ojos e inmiscuirme entre los aromas que emanaban. El perfume de Paris Hilton de la mujer de enfrente, el fijador para el cabello de la chica rubia de la extrema derecha y la mantequilla extra puesta sobre las palomitas del niño de enfrente. Desperté, y ella me seguía observando desde la pantalla, fijamente, con dulzura, con amor y las luces se encendieron. Las voces se escucharon y se mezclaron todas en un alboroto. Yo, por el contrario, me recliné nuevamente intentando volver con ella. Pero al abrir los ojos los créditos pasaron, su nombre apareció y me despedí: “Hasta la otra… Emma… Te Adoro”.